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Y si señores, Afro se despachó con toda en esta nota y te bate la que es sin tabués, así de frente.
Almas pudorosas abstenerse.
Pasá y leete su reflexión.
ME ACOSTÉ CON OTRO, por AFRO.
Terremotos de vírgenes y apóstoles de eras erradas nos confinan a la más terrible imposibilidad: Ser fiel.
Nuestras abuelas solían tenerlo por costumbre para prevenirse de males peores. Hoy en día las mujeres pensamos que tenemos una vida sobre la cual decidir, como ellos lo piensan hace ya mucho tiempo. Entonces se confiesa lo inconfesable. Creo que no podemos ni imaginarnos el agravio fatal que tan solo esas 4 palabritas pueden producir en un hombre. El estigma de cornudo lo persigue como un fantasma atormentador. ¡Como si el amor tuviese que ver con eso!
Es como que la mujer ya esta preparada para soportar esto de parte de los hombres; de ultima, a ellos no les cae encima la culpa de prostituta con la que batallamos las mujeres. Ellos se menean en cuanto concha cogida pueden recordar, celando siempre él haber sido el único que las hizo gozar. Después en la cama son todos unos tarados y lo único que les preocupa es meterla y sacarse la leche de encima. Para colmo esperan que con eso nos demos por satisfechas.
O sea que supongo que estamos de acuerdo se digo que es muy distinto para un hombre cojerse a una mina que para nosotras cojernos a un tipo. Pero el clic que se produce en nosotras cuando nos enteramos que nuestro amado le metió a otra esa misma poronga que nostras le chupamos y mimamos con tanto esmero, es el mismo clic que se produce en ellos cuando se enteran que nosotras nos abrimos de gambas y le pusimos la cara a otro. Solo varían las consecuencias.
El Shock de adrenalina helada que recorre nuestro cuerpo al tiempo que retumba la impresión de la revelación: manos frías y sudorosas, corazón acelerado, los ojos mas abiertos y una claridad casi serena para no desmoronarse. Después hay varias opciones. El escándalo, la ruptura o el famoso "bancarse la pirueta que me conviene" que igualmente nunca estará exenta de las consabidas represalias personales.
Nos empeñamos con tanto terror en distinguir los limites del amor, que nunca conseguimos amar a otro sino que solo amamos lo que necesitamos del otro ¡Triste condena! En ese orden se encuentran las causas de nuestra relación contractual con los efectos.
¿Hay algo más interesado que el amor?
CORNUDO, BOLUDO Y DEMAS APRECIACIONES
Somos realmente crueles. No consigo descifrar el paroxismo celoso con que pretendemos apoderarnos de otro cuerpo. En cuanto consideramos que esa masa de sangre y vida que nos mira es necesaria para nuestra apetencia, solo procuramos cercarla y marcarla con nuestras exigencias y amenazas solapadas. Tejemos una red sin salida que termina devorándonos.
Hay que pasar muchas barreras aparentemente insuperables para estar a la altura de un gran amor. Hay quienes se contentan con un amor estable y tranquilo. Será mi histeria femenina que me hace tan revoltosa, pero nunca alcanzo a exagerar los suficiente en términos de amor. Me gustan los grandes sacrificios y la lealtad a prueba de todo. La dadiva ilimitada por el bien de la persona amada y aquí vienen lo más difícil: sin esperar nada a cambio, clave sanitaria para cualquier amor. Si estos fueran los juramentos del matrimonio, el mundo obviamente andaría mejor. Pero ahí hubo alguno al que se le ocurrió esto de la fidelidad, además vale solo para la mujer porque vemos que un hombre infiel es de lo más canchero.
Parece que un hombre vale por la calidad de la mujer que tiene al lado. El único signo de calidad de una mujer es su fidelidad. Puede ser mala ama de casa, pésima cocinera, desatenderlo, gritarle, pegarle, hasta puede ser desprolija y mala madre, menos la insolencia del inaudito. Con el horror de lo inevitable clausuran las puertas del deseo incontenible de que nos cojan todos los hombres del mundo, mientras nosotras nos entregamos al letargo de la comodidad, con ese renombrado estilo de gatas viejas que saben acomodarse a cualquier situación mientras les resulte conveniente.
Le haremos creer todo lo que quieran creerse pero el cuerpo no le pertenece, si ni siquiera nosotras con nuestras ansias de pretenderle, conseguimos dominarlo.
Lo más insoportable de la infidelidad es que es igual de insoportable que la fidelidad.
Los hombres en realidad tienen el problema mas resulto. Si no cojen bien con la esposa es hasta mejor, porque pueden dar rienda suelta a su peregrinaje de soltero alquilado y despacharse con sus fantasías mas prohibidas. La esposa igual pertenece a la casa, es como un mueble mas, solo que imprescindible. Ellos no buscan su sexualidad en el matrimonio; ante todo precisan de la estabilidad que les da contar con ese continuo afectivo que se manifieste, Claro que nosotras también buscamos esa seguridad, pero nuestro ofuscamiento sentimental no nos deja en paz. No hay vuelta. Queremos y queremos ese hombre total, que nos mantenga al borde de la locura sin perturbar nuestra felicidad, que nos ame infinitamente y que no permita que el paso del tiempo estaque los preciados escozores que tanto nos seducen. Lastima que ellos prefieren desentenderse de ese trabajo porque esa seria la única forma de evitar la unánime condena de cornudos que pesa sobre todos, y estoy diciendo todos los h!
ombres que deciden hacer su vida junto a una mujer sin tomar en cuenta su intima consistencia. Nos gusta coger todavía mas que a ellos, esa es la cosa. Por algo somos el sexo débil, ¿No?
AFRO
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ME ACOSTE CON OTROViernes, 20 Febrero 2004 Y si señores, Afro se despachó con toda en esta nota y te bate la que es sin tabués, así de frente.
Almas pudorosas abstenerse.
Pasá y leete...
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